Crítica a la Mujer con calavera. II parte.

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Jota
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Crítica a la Mujer con calavera. II parte.

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Sin preámbulos. (Procede de: Crítica al art. del prof. F.J. Ocaña. Es la continuación de la crítica al artículo “La mujer adúltera…” iconografía del tímpano de la fachada de Platerías de la catedral de Santiago de Compostela, insertada en este foro)

La división de mi crítica en dos apartados no es casual, puesto que las materias y los argumentos son diferentes, como veremos.
El objeto de mi atención se concentra esta vez en dos párrafos: el 18 y el 19, exclusivamente.

Año 1117. El autor del artículo acusa a los “burgueses” de asaltar la catedral. Cuando dice “burgueses” se refiere obviamente a los habitantes del burgo -recinto medieval amurallado donde se concentra un número importante de población. Pero entiendo que, a lo mejor, también se refiere al germen (subrayo lo de germen pues no ignoro que estamos en la edad media) de una nueva clase social desconocida hasta entonces, localizada exclusivamente en los burgos, una clase compuesta de artesanos y comerciantes que prospera económicamente y que, precisamente, por su creciente importancia y poder económico, empieza a reclamar su participación en el poder político, del que está totalmente excluida.

Es fácil aceptar la proposición que nos hacen en el artículo porque tiene lógica. Se trataría de una pugna política entre el poder feudal establecido (en este caso concentrado en manos del obispo Gelmírez) y un grupo social que empieza a emerger y exigir su cuota de participación en el gobierno civil. Pero los artículos especializados no se construyen con lógica. Se escriben con sólida información y con la exposición de datos concretos que ilustren la acusación formulada. No olvidemos que estamos acusando a una ciudad de unos incidentes gravísimos. Yo intentaré liberarla de tal acusación, como hice antes y a mi manera, con la “Mujer adúltera”.

Si nos informamos bien sobre este episodio descubrimos que, contra todo pronóstico, el núcleo inductor de la revuelta no son burgueses. Son canónigos que le disputan el poder a su propio obispo. ¿Qué participaron los habitantes del burgo? Si, desde luego. La ciudad entera acabó levantándose en armas. Ya veremos el motivo.

Pero lo importante –subrayo lo que viene a continuación- es saber que la revuelta, por encima de cualquier otra consideración, es una lucha intestina entre dos “partidos”: por un lado canónigos de la catedral aliados con monjes de San Martín contra los canónigos partidarios del obispo Gelmírez por otro.
Interviene a favor del obispo, la reina Urraca. Lo cuento como anécdota porque la Historia Compostelana contiene grandes enfrentamientos y tensiones entre estos dos protagonistas de la época y tanto los vemos juntos, como aliados, que como enemigos. De hecho, la reina manipula en varias ocasiones la oposición que existe en la ciudad de Santiago para contrarrestar el poder del obispo en el corazón de su propio feudo. Pero vamos a lo que interesa y veamos concretamente quienes son los “rebeldes” y quien acaudilla el levantamiento en esta fecha concreta, en 1117.

Escenario
La reina Urraca y el obispo Gelmírez aparecen aliados en este capítulo contra un tercer adversario, un grupo de conspiradores. Entran con tropas en la ciudad de Santiago de Compostela sin oposición. En este momento no existen disturbios. Las tropas buscan a los enigmáticos líderes que excitan a la población contra el obispo. Los implicados en la conspiración alertados de las intenciones de sus enemigos, se esconden. El biógrafo del obispo Gelmírez nos cuenta lo que sucede en la Historia Compostelana. Yo tengo una Edición de Emma Falque. Ediciones Akal, 1994. Leemos en el Capítulo CXIV, página 272:

“Los compañeros del desgraciadísimo Judas se refugiaron unos en la iglesia de Santiago, otros en otras iglesias, los otros se escondieron en sus refugios. Uno, que era de los cabecillas de la conspiración (2) tomo fingidamente el hábito monacal para ser liberado del peligro de muerte por el abad y los otros monjes en la iglesia de San Martín; y así escapó como monje de la ira de la reina”

(2) Llamada 747 de la autora, Emma. Nos informa: “Posiblemente Arias Muñiz, del que se vuelve a tratar al final de este capítulo”

¿Arias Muñiz? Me suena. ¿Dónde he leído ese nombre? Retrocedo en el libro, hasta la página 113.
Está en la lista de los 72 canónigos de la Catedral. El líder de la “rebelión” que está a punto de desencadenarse ¡es un canónigo del obispado! Más aún ¡es el arcediano!
Ahora se entiende porque el cronista y biógrafo de Gelmírez lo tacha de Judas. Es una clara alusión a la traición de una persona muy cercana y de plena confianza.

Pero hay otra consideración. No me pasó desapercibido un detalle –por eso elijo esta cita- y seguro que a ustedes tampoco. ¿El abad de San Martín protegiendo al arcediano de la catedral? Que raro, porque esta acción lo convierte en cómplice. En efecto, comprobaremos más adelante como el abad y sus monjes intentan conducir al obispo a una muerte segura, a una celada. Veremos como el obispo se libra de la muerte al sospechar la implicación del abad y sus monjes en la intriga. Veremos también como al final, el cronista intenta exculpar al abad, aunque no a una parte de sus monjes.
Las disputas internas, las intrigas entre los hombres de la iglesia en Compostela eran una constante. Salvo contadas excepciones la sangre nunca llegaba al río. Se perdonaban y reconciliaban con la misma facilidad que volvían a la gresca. En la Historia Compostelana el cronista además de llamar “patanes” –literalmente, en la página 110- a los clérigos dice: “llegaban a matarse unos a otros” (esto lo dice en la página 115).

A continuación vamos a leer el motivo del levantamiento de los ciudadanos. Se narra en la página que cité al principio –la 272-, en el siguiente párrafo. Habla el obispo Gelmírez:

“ Reina –dijo- no es lícito que nadie sea sacado de la iglesia después de haberse refugiado en ella, aunque sea ladrón, perjuro, traidor, aunque sea un criminal. Pero todos sus bienes que están fuera de la iglesia, sean entregados al saqueo y sean tomados por los nuestros”.

Lo cual parece que se cumple porque en el siguiente párrafo se desata la rebelión. ¿Dije rebelión sin comillas? Corrijo. La ciudad se defiende del saqueo. Eso no es rebelión, es defensa legítima de sus propiedades y vidas. Leamos lo que sucede a continuación: “La Fama, más veloz que ningún otro, propaga que los soldados del obispo y de la reina han atacado a los compostelanos…Corren los cómplices de la traición al combate y, atrayéndose a los conocidos y amigos, quieren acabar con el obispo y la reina que habían querido acabar con ellos”

He aquí el motivo de la revuelta (caso que nada tiene que ver con la rebelión de burgueses de Sahagún, por poner un ejemplo) Se supone que los soldados que protegían al obispo y a la reina o fueron pasados a cuchillo o mucho corrieron abandonando a su suerte al obispo y a la reina, porque no se sabe más de ellos. En el siguiente pasaje aparecen ambos –obispo y reina- cercados junto a un pequeño grupo entre los que se encuentran familiares del obispo. Como vemos, las familias y amigos de unos y otros, tuvieron una participación muy activa.

Lo importante está dicho. Nuestra sorpresa es grande porque no aparece ni un solo burgués liderando la “revuelta”. Ni uno. Participarían como personajes secundarios, no lo dudo. Por fuerza –yo también lo sospecho- algunos líderes civiles descontentos tuvieron que participar. Pero lo cierto es que el documento no los menciona en ninguna parte. De ahí procede mi enfado hacia el autor del artículo. Se limita a reproducir la versión “tradicional”, distorsionada, la que leemos en los folletos turísticos editados por el arzobispado. Al arzobispado de Santiago de Compostela le cuesta aún hoy asumir la vergonzante realidad histórica.

El conflicto entre clérigos implica y se extiende a toda la población. Esa es la realidad y eso es lo que hay que destacar en primer lugar. Y no lo que asegura el autor del artículo. Dice textualmente: “La catedral fue asaltada en el año 1117 por los burgueses compostelanos en batalla campal con el arzobispo Gelmírez…”

¡Por favor!

Reparen en que la catedral está ocupada por los conspiradores. No tienen que asaltarla porque ya están dentro. Es su refugio. Pero de esto hablaremos cuando procedamos a evaluar los daños que se producen, según el autor del artículo, en la fachada de Platerías. De momento recuerden quien ocupa la catedral.

Mi reproche inicial era: ¿Por qué menciona y acusa a los burgueses, y no menciona a los verdaderos promotores del tumulto? Este dato, por muchas ampollas que levante, sugiere que el autor del artículo no leyó dicho documento o no lo tiene en mente. Cualquiera de nosotros, bien informado, diría algo parecido a esto: “La represión –por parte del obispo Gelmírez y la reina Urraca- de una conspiración de un partido del clero compostelano opuesto a Gelmírez desencadena una revuelta que acaba implicando a toda la ciudad…”

Cualquiera de ustedes puede redactar este episodio mejor que yo teniendo clara la idea de lo acontecido en 1117 en Santiago de Compostela.

Dice el autor del artículo de la revista que el obispo Gelmírez “ejercía su labor más como reinado que como obispado”. No lo mencioné antes para no complicar la redacción, pero la verdad es que discrepo también en este punto. Para empezar, en todo caso es más apropiado decir que gobernaba como un señor feudal -de hecho poseía más tierras que la mayoría de los nobles gallegos. Pero una cosa es “reinar” y otra cosa es gobernar como un cacique (palabra muy utilizada en Galicia para referirnos a casos como el que nos ocupa) entregando a los miembros de su familia natural y a sus amigos los puestos relevantes. Sabemos que el descontento de una facción de su propio clero es una de las causas que originaron la conspiración (no la revuelta, como sabemos). Otros hombres de la iglesia “reinaron” después de Gelmírez, convertidos ya en arzobispos, pero tuvieron un gobierno en paz, o al menos no tan agitado como el que se vivió en su época (hubo más revueltas contra Gelmírez y lo intentaron asesinar en varias ocasiones) Entonces, no es “reinar” lo que origina las tensiones. Es “reinar” mal. Esta puntualización es más importante todavía porque les hace justicia a los arzobispos que lo hicieron bien y fueron queridos por los compostelanos en general y por los canónigos y monjes en particular. El autor del artículo parece no ver tan clara la importancia de esta matización como yo. Para mí, el error es suyo. Estamos hablando de una ciudad y de graves acusaciones. No podemos proceder de forma ligera y reproducir errores históricos. Hay que ir con la verdad por delante para hacer justicia a unos y a otros.

En tiempos de Pedro I, los papas vendían los cargos eclesiásticos –dependientes de Roma- al mejor postor. Había subastas públicas en Roma de los obispados franceses, españoles, etc. que iban quedando vacantes por un motivo u otro. El que compraba el obispado, para recuperar su “inversión”, a su vez vendía los cargos bajo su jurisdicción y así sucesivamente. En tiempos de Felipe II, este monarca regalaba los obispados españoles a quien más le placía.

Quiero decir con esto –y también lo subrayo- que tanto civiles como clérigos “reinaron” en algún momento de la historia en el lugar que no les correspondía (¡por eso es más necesario puntualizar!) Los monarcas “reinaron” en la Iglesia y la Iglesia en los asuntos civiles o “temporales” Sin ir más lejos, el antecesor del obispo Gelmírez, el último gobernante de la sede de Iria Flavia, Diego Peláez, fue despojado de su cargo y estuvo en la cárcel porque el rey lo acusó de confabulación con potencia extranjera.

El autor del artículo de la revista lo tenía muy fácil. El menciona los disturbios sólo para anunciar que afectaron a la fachada de Platerías. Pues que lo diga tal cual lo he hecho yo ahora mismo, sin acusar a nadie. ¡Por Dios! ¡No te compliques la vida! Que cada cual entienda lo que quiera según su conocimiento de la historia. Pero tú, no estropees tu trabajo.

Con esto llegamos al último punto en discordia: los daños. Para ser más exacto, la presunción de daños, puesto que no hay relación alguna de los mismos en la Historia Compostelana. Hecho que me asombra porque la intención de los cronistas es desacreditar a sus adversarios y enemigos. Si el cronista dijera, por ejemplo, que los “traidores” destruyeron el Palacio del obispo, al lector hasta le parece normal e incluso justo, viendo las intenciones iniciales del obispo y la reina. Si el cronista denunciara grandes daños en la catedral, lo cual era de esperar, todos pensaríamos ¡pero que desgraciados ese arcediano y su banda de canónigos y monjes jacobinos!

Pero como tal denuncia no existe, -es fraudulenta, como veremos- nos puede inducir a pensar que no hubo tales daños o que fueron menos importantes de lo que suponíamos en principio. Me refiero a la fachada de Platerías, en concreto.
Tal afirmación, como lo diría…¡es una faena! porque nos obliga a seguir investigando, si aspiramos a conocer la verdad. A lo peor nunca lo conseguiremos. Pero lo que no podemos hacer es rellenar un vacío documental con una hipótesis más que dudosa, en mi opinión.

Por otra parte, dudo que tanto clérigos como burgueses opositores a Gelmírez ocasionaran daños deliberados a la catedral. Los artesanos y comerciantes ¿acaso no dependían de ella para su subsistencia? ¿Por qué iban a causarle daños a la catedral?

Pero como a estas alturas de la vida estamos hartos de que la lógica nos conduzca a lugares y conclusiones equivocadas, lo mejor será hacer un meticuloso rastreo de los sucesos.

Recuerden que el partido contrario al obispo (me niego a pronunciar “burgueses”. De hecho “partido” es el nombre que utiliza el cronista de la Historia Compostelana en alguna ocasión para denominar a sus adversarios, por ejemplo, en la página 282) está refugiado en la catedral.
No lo dice la crónica pero imagino que desde allí mismo y desde las otras iglesias donde se refugian los conspiradores, tocarían las campanas a arrebato, llamando a la población a las armas. Todo debió ocurrir muy deprisa, pues el obispo y la reina no pudieron abandonar la ciudad a tiempo. Se refugiaron en el Palacio de Gelmírez y es allí donde los cercan los ciudadanos, una vez que se apoderan de las calles y los soldados de la reina y del arzobispo son puestos en fuga o muertos –no sabemos que pasó con ellos. Aquí llega el primer gran inconveniente. ¿Dónde estaba el dichoso palacio? El autor del artículo lo tiene clarísimo: “pegado a la fachada de Platerías”. Atención. Es un dato crucial, porque la proximidad del palacio en el asalto justifica los daños en la fachada. Serían daños “colaterales”.

Averiguar donde estaba ubicado el palacio de Gelmírez es vital para deducir –y sólo deducir- los posibles daños en la fachada de Platerías. En torno a este punto hay, lo sé, mucha, muchísima, confusión.

Como es obvio, lo primero es recurrir a los contemporáneos y comprobar si nos proporcionan datos o pistas fiables. Si aún así dudamos, recurriremos a la opinión de terceros, a las figuras más autorizadas en la materia. Si se aceptan, propongo a López Ferreiro y a monseñor José Guerra Campos responsable, en parte, de mis mejores conocimientos. Monseñor José Guerra Campos (que sabía latín, en el sentido más amplio de la palabra, nos da, aún muerto, lecciones a todos) le dedica un corto capítulo a esta cuestión en su excelente libro: Exploraciones Arqueológicas en torno al Sepulcro del Apóstol Santiago. Yo me hice con uno de los primeros ejemplares que salieron a la venta en 1982. Estaba aún caliente y olía a tinta fresca de la rotativa de la imprenta Aldecoa de Burgos. El capítulo en cuestión lo titula “La Quintana de Palacios” y podemos encontrarlo en la página 379.

Pero primero hojeamos la Historia Compostelana. Por favor, atiendan a la confusión que se origina, motivo por el cual recomendaba acudir a la opinión de terceras personas.

“El obispo y la reina en los palacios de este (1), después que oyeron los clamores y el estrépito de la ciudad y de qué manera los compañeros del Iscariotes habían incitado a los ciudadanos contra ellos tuvieron miedo… vieron….que la iglesia de Santiago y los palacios eran asediados por grupos de gente armada y eran atacados con más fuerza…Es tomada la iglesia del Apóstol con frecuentes asaltos, vuelan las piedras, las flechas, los dardos sobre el altar y se llevan a cabo sacrílegos combates por parte de los traidores”

(1) Llamada de Emma. Cita 751. Apostilla. “La reina Urraca y el obispo se refugiaron primero en lo que quedaba del palacio episcopal, que se alzaba con su torre frente a la parte norte de la catedral, y luego viendo que una chusma armada se estaba apoderando violentamente de él y que allí ya no estaban seguros, decidieron trasladarse a la torre de las campanas junto con algunos del séquito. H.S. Martínez, op. Cit., 319”.

En la cita hay mucho material para analizar. Olviden -algunos del foro- las antipatías personales durante un instante. Les implico para que no nos tomen el pelo, ni a ustedes ni a mí.

Primero. Vemos que los compañeros del Iscariote, (Judas, el arcediano) pasan de la defensiva a la ofensiva.

Segundo. Les advertía antes que lo recordaran. Recuerden ahora ¿Quiénes se refugiaban en la iglesia de Santiago acogiéndose al derecho de asilo? Los traidores. Entonces, ¿como van a asaltar una posición que ya es suya?

Yo entiendo perfectamente las intenciones del cronista. Operación desprestigio del enemigo “dardos sobre el altar”, “sacrilegios”. Es bligado pensar: ¡Qué horror!, ¡qué canallas!, ¡qué desgraciados!, que malos malísimos.

Tercero. Con nota de humor. Si el obispo y la reina están en los palacios del obispo, como asegura el cronista ¿que hacen esos “indios” tirando flechas a la catedral? ¿Quién está en el interior, a quién diablos atacan?

No hay por donde coger el relato del cronista. Se coge antes a un mentiroso que a un cojo. Yo me reía cuando lo leía. Más adelante lloré de la risa, cuando el pícaro obispo, para salvar su vida, entrega a la reina como “ofrenda” a los sitiadores. Pero no nos anticipemos. Llega lo más terrible, un punto y seguido más adelante. Este sí que es un golpe teatral, un drama, para ser más exactos:

“Los perversísimos atacantes pegan fuego a la iglesia de Santiago y la incendian por uno y otro lado; pues no poca parte de la iglesia estaba cubierta con tablas y paja….¡Oh, dolor! La llama de la iglesia del Apóstol sube a lo alto y por todas partes se ofrece un horrendo espectáculo…Después que el obispo y la reina vieron el incendio de la iglesia y que los mencionados cómplices con tan gran multitud estaban dispuestos a toda maldad, no atreviéndose a confiar en los palacios del obispo, se refugiaron en la torre de las campanas junto con su séquito. Los compostelanos suben a lo alto de la iglesia del Apóstol y pasando al palacio del obispo, corren, roban, tiran”

A ver señores ¿en que quedamos? ¿Sube la llama todo lo alto por todas partes o nos cuentan una milonga? Es una milonga. Los traidores corren por arriba y por dentro del templo persiguiendo o buscando al obispo. El obispo después de abandonar la torre de las campanas, alcanza la calle y se introduce de nuevo en la iglesia –va disfrazado de pordiosero- del Apóstol y desde dentro hace un recorrido en zigzag hasta que alcanza, a través de un acceso, la Corticela, que estaba todavía separada de la catedral. Vuelve a ascender. Vuelve a bajar, todo en medio de las llamas, claro. Lo dicho, no hay por donde cogerlo.

Apelo a la inteligencia y al sentido común del lector. ¿Es posible que en medio de un incendio tan “terrible” atacantes y atacado jueguen al gato y al ratón por los tejados de la catedral y por su interior? Imposible. El humo de la paja podría ser aparatoso, pero no destructivo. La que si sufrió daños es la torre de las campanas, porque nos explican como introducen “combustible” –suponemos que las tablas de la obra, pues no irían a cortar leña al monte- por una de sus ventanas. Es ahí donde se consuma la tragedia para el hermano de Gelmírez, que es ensartado al huir de las llamas y el humo. Es ahí donde Gelmírez le dice a la reina eso de “las damas primero” y mientras los compostelanos se entretienen maltratándola, desnudándola y arrojándola a un lodazal, Gelmírez logra escapar disfrazado de pordiosero por entre la multitud, pasando por delante de la reina como si la cosa no fuera con él.

El cronista describe las carreras por los tejados y las carreras por el interior de la catedral. Miente como un bellaco cuando nos pinta un escenario dantesco. Por la boca muere el pez. Debería hablar de hogueras más que de incendios. Es mi opinión.

Y ahora llega el momento de preguntarse ¿Donde están ubicados la torre de las campanas y el palacio? Estarán de acuerdo conmigo en que son los lugares donde se concentran la destrucción y la lucha.

De momento sabemos que hay acceso, por los tejados, desde el palacio a la iglesia y viceversa. De hecho hay mucho “tráfico” por los tejados del palacio a la iglesia y de la iglesia al palacio. Es la “ruta de la plata”, digo yo con humor, en alusión a toda la que roba la chusma que se suma a los disturbios y que se entrega al saqueo del palacio.

Ahora regresemos a la llamada de Emma –cita 751- que ya hemos leído. Dice que el palacio se alza “con su torre frente a la parte norte de la catedral”.
Ya tenemos polémica asegurada. Porque al carecer del conocimiento del punto exacto de referencia del observador lo que nos dicen es: nada o casi nada. Podemos complicar la suposición todo cuanto queramos. Porque ¿Que entendemos por “frente a”? La parte norte de la catedral, desde el vestíbulo oeste de la catedral, es la torre de la Carraca. Y el norte desde la torre de la Carraca, el actual palacio. El palacio no tenía las dimensiones de hoy día como supongo que todos saben. Es decir, su muro oeste no llegaba hasta la plaza del Obradoiro, ni mucho menos, pero tampoco la catedral, como veremos. Pero claro, desde la puerta del Paraíso, al norte está San Martín Pinario –con mucho espacio por medio. Y desde el palacio el norte ¿dónde está? Imposible saberlo. Hay que saber antes donde está el palacio. Este es el problema que plantea carecer del punto de referencia del observador.
Pero queda claro que nos dicen que está al norte, no al sur. Este es el dato válido. Si hubieran querido indicar que el palacio de Gelmírez estaba hacia la plaza o quintana, al sur, en la cabecera de la catedral, tendrían que expresarse de otro modo, obligatoriamente. No imagino una redacción tan enrevesada como esta: con su torre frente a la parte norte de la catedral, es decir, a su espalda, al sur, dirección este. Sería de risa y habría que apalear –figuradamente- al redactor. El cronista de la Historia Compostelana dice más adelante que el palacio se vuelve a edificar. De hecho dice “reconstruir”. Y reconstruir significa volver a construir en el mismo lugar. Esto me concede completamente la razón en “mi” suposición de que el palacio de Gelmírez estaba donde está ahora -con la matización de dimensiones que ya he hecho.

A lo mejor a la gente no le interesa tanta documentación e hipótesis. A lo peor, se aburre. Obviamente yo jamás escribiría así un artículo. Pero si pongo en duda la afirmación del articulista de la revista, es mi deber demostrar que está equivocado, aunque sea un “rollo” para muchos lectores. Intentaré abreviar. Amenizar lo veo más difícil.

Nota. Hice un esquema-dibujo con las herramientas de la hoja de Word pensando en las personas que no conozcan o recuerden la disposición estructural de la catedral. Como no sé manejar programas de gráficos, carece de proporciones y la califico de auténtica chapuza. Está al final de las notas y espero que sea útil como esquema orientativo, sin más.

La teoría que yo apoyo (mía no es ninguna) la expongo muy gráfica. Como siempre, a mi manera. Plaza del Obradoiro. Nos colocamos contra el muro del actual palacio de Gelmirez. Con la mente corremos ese muro unos 30 metros hacia atrás, hacia el este, cuesta arriba, salvando el desnivel, hacia la cabecera de la catedral. Está claro ¿no? Ahí empezaba el muro del antiguo palacio de Gelmírez. O acababa, según se mire. Ahora entremos en la catedral por la puerta oeste de la misma plaza, que tenemos al lado, subiendo las escalinatas. Atravesamos la lonja y nos situamos justo debajo del centro de la cúpula del nártex o vestíbulo románico del maestro Mateo. Miren hacia el altar mayor. Todo lo que tienen a su mano derecha y a su mano izquierda, muros incluidos, más unos pasos hacia delante y otros hacia atrás son los únicos elementos pregóticos de la catedral. En 1117 no existían. En realidad ustedes estarían a la intemperie en aquella época. Para no equivocarnos vayamos hasta el crucero. Sin contar los cuatro pilares del cimborio, retrocedemos por la nave central contando los pilares de la derecha hacia la puerta por donde hemos entrado. Entre el cuarto y octavo pilar se concentran, en el subsuelo, las tumbas de lajas y los sarcófagos monolíticos. En el octavo estaríamos justo encima de la torre y muro que rodeaban la antigua iglesia de Santiago, antes de la obra de la catedral. El pilar nº 8 se asienta concretamente en el centro de la torre. Al llegar al décimo, ahí terminaba la catedral. De hecho el décimo pilar puede formar parte de la obra de ampliación de tiempos de Mateo. Si mis cálculos “a ojo” son correctos, la entrada a la catedral coincide con el muro del palacio de Gelmírez que hemos desplazado mentalmente hacia el este. Ahora, también mentalmente, imaginemos que no existen las capillas y dependencias que están a la izquierda entrando por la puerta oeste. Tampoco las que están adosadas al flanco derecho. En realidad tampoco existía nada del frontal que observamos desde la plaza del Obradoiro: biblioteca, sala capitular, museo, torre de la Vela y el claustro que está justo detrás.
Decir, por último, que las torres de la Carraca y de las Campanas actuales, que estaban en el mismo lugar que hoy ocupan, -sobresalían de la fachada- varían en dimensiones con las torres románicas originales de la catedral.
López Ferreiro asegura que la torre de las Campanas –la románica, la incendiada- es la actual torre de la Carraca, revestida de barroco. Monseñor Guerra Campos opina, por el contrario, que la torre de las campanas románica estaba donde está la homónima actual, también revestida de barroco.
En el primer caso la acción transcurre en el punto más distante de la fachada de Platerías, o sea, en el otro extremo y en el lado opuesto. En el segundo caso, la primera parte del cerco es igual que la anterior –cerco al palacio- pero el final, -el cerco a la torre de las campanas- en el otro extremo, sin más.
Si aceptamos esta hipótesis, difícilmente podemos deducir daños en Platerías. Eso no es óbice para negarlos, porque pudieron ocurrir episodios de violencia en esa zona que el cronista no relata. Pero por la misma razón, porque lo ignoramos, no podemos asegurar lo contrario. Si alguien lo afirma es por conveniencia, porque es un argumento útil y fácil Esto debe quedar muy claro.

El autor del artículo escribe sobre un tema de arte y, en este caso tan conflictivo, con mayor razón, no está obligado a pronunciarse. ¿Para qué meterse en problemas? Pudo adoptar una postura más neutra y decir: “Constatamos un gran desorden en la fachada de Platerías. Cualquier hipótesis sobre el origen de esta anomalía es incierta a día de hoy y, en todo caso, les corresponde pronunciarse, en primer lugar, a los historiadores”. Punto. Sin más.

Pero el autor del artículo se adscribe, por conveniencia, a la más indemostrable de todas las hipótesis. Supone que el palacio de Gelmírez “estaba pegado a la fachada de Platerías”. Pero no sólo eso. Presten mucha atención. La frase completa es: “En esta acometida fue asediado, perseguido y hecho huir de su palacio arzobispal, que estaba pegado a la fachada de Platerías, cuyo tejado alcanzaba el de la catedral, por el que llegó al monasterio de Antealtares, donde se refugió, logrando después escapar de la ciudad”

Leyendo esta oración me caí de la silla. Pero no soy yo el que se rompe la crisma: es el obispo. Por partes. Primero llama al palacio arzobispal. Error, es palacio obispal. Hasta ahora a Gelmírez lo llamaba correctamente obispo, no arzobispo (para eso hay que esperar un par de años más) Esto delata falta de concentración, sin más. Es un simple lapsus, un descuido, olvídenlo. Vamos a lo importante. De lo que afirma se deduce que el obispo va del tejado de la catedral ¡al del monasterio! Leamos otra vez: “cuyo tejado alcanzaba el de la catedral, por el que llegó al monasterio” No se deduce, lo dice claramente. Exactamente aquí me caí de la silla. Y aquí el obispo se rompe la crisma porque del tejado de la catedral al tejado del monasterio no llega ni con pértiga. En helicóptero, si. Olvídense de los edificios actuales del monasterio. En 1117 estaban en dirección este, frente a la cabecera de la catedral, pero en la Quintana de los Vivos. Y entre la cabecera de la catedral y los edificios monásticos median espacios insalvables. La misma iglesia de la Corticela estaba separada de la catedral por un huerto y un muro o tapia que lo circunda (hoy existen en el mismo sitio dos capillas) Más al sur, en plena Quintana de los Muertos está el cementerio, en uso en aquella época.
Me cuesta decirlo, pero aquí descubrí, con total seguridad, que el autor del artículo no leyó la Historia Compostelana. Cuando el obispo sale de la catedral, no lo hace por “vía aérea”. Lo consigue escalando la tapia y atravesando el jardín de la iglesia de la Corticela. Hasta que llega al monasterio, ocurre todo esto por medio. Observen que el recorrido es en zigzag.

Página 380 de la citada obra de monseñor José Guerra Campos. Nos explica la huida de Gelmirez: “1, La Corticela; 2, la casa de Mauricio y la casa de Froilán Rosende, a la que llegó a través de tres casas contiguas (Nota mía. No por el exterior, por la calle. Lo hizo desde el interior, rompiendo y atravesando tabiques) 3, la iglesia de San Payo; 4, la travesía del claustro del monasterio, y de otro claustro del mismo; 5, el salto de un muro próximo a la Catedral, por la parte que daba al altar de San Pedro; 6, la llegada por los tejados, al Dormitorio de los canónigos (Otra nota mía. Este edificio sí estaba donde coloca el autor del artículo el palacio) 7, la salida, por la puerta del dormitorio, a la “Quintana del Palacio” que estaba delante del Refectorio (Nota mía. El refectorio o comedor y despensa se encuentran a continuación del dormitorio y es otro edifico independiente de los dormitorios); 8, por fín, saliendo a la calle del otro lado a través de la casa de Pedro Gundesíndez, alcanzó el obispo la Fajera, por donde se alejó de la ciudad. Los pasos de esta dramática huida dejan bien marcada la situación de la Quintana de Palacio”

En la plaza o Quintana -como prefieran- de Palacio no podía existía un palacio, al menos en 1117. Subrayo una vez más, en 1117. La polémica –que como advertía, no es nueva- sobre la hipotética existencia de algún palacio en la Quintana la zanja Monseñor José Guerra Campos. La cita es algo extensa pero totalmente esclarecedora: “Algunos piensan que este nombre –Quintana de Palacio, o de Palacios- proviene de los que había en el sector norte de la plaza. La reaparición, en 1934 y en 1963, de los restos de uno o dos de esos palacios bajo la escalinata provoca estos días comentarios que suponen y refuerzan tal convicción. Antes de que la dosis de error que ahí se esconde se vuelva contagiosa, parece oportuno aplicar el antídoto de algunos datos históricos. (Nota mía. Se refiere a la escalinata que separa la Quintana de los Vivos de los Muertos. Ver dibujo-chapuza)
El nombre de la plaza, al menos en su forma singular ‘Quintana del Palacio’, es muy anterior a cualquiera de los palacios erigidos en la zona de la escalinata. Mientras los palacios más antiguos no van más allá de los últimos decenios del siglo trece, la denominación ‘quintana del Palacio’ está registrada ya en los primeros años del doce; y el “palacio”, a que sin duda se refiere, aparece mencionado el año 1077 en el famoso pacto de Diego Peláez y San Fagildo. No está claro si “palacio” en este documento expresa directamente un edificio, o un topónimo, que denotaría aun mayor antigüedad. Por otra parte, el palacio y su quintana estaban situados en el lado opuesto de la plaza, el meridional, aproximadamente en el área que se extiende ante la torre del Reloj.”

La cita continúa pero es necesaria una aclaración. Hasta aquí J. Guerra Campos le daría la razón al autor del artículo ¿verdad? Es decir, si existió un palacio, fue en este lugar, en la actual Quintana de los Muertos, anexo a la torre del reloj, justo al lado de la fachada de Platerías. Pero es que estamos hablando del 1077 y ya dice que no está claro si existía el edificio o es un simple topónimo. En todo caso, de existir en 1077, fue engullido por 40 años de obras.
Continuamos con la cita:

“Nadie ignora que desde el tiempo de la construcción de la Catedral iniciada a fines del siglo once, hasta la mitad del trece las edificaciones del monasterio de Antealtares (iglesia, claustro y dormitorio) ocupaban la mitad norte de la plaza actual, y quedaban dentro de un cercado, cuyo límite meridional no pasaba lejos de la esquina del local de la Archicofradía; el septentrional avanzaba desde la Corticela hacia el Preguntorio. El espacio libre de edificios en el sector norte –corresponde a la actual Quintana de Vivos- constituía una plaza interior , propia del monasterio. Por esta razón en 1152 hubo de ser devuelta a los monjes una casa que había levantado allí el Deán Elías. En el sector sur, a continuación de los recintos monásticos se encontraban las casas capitulares”

Hasta aquí quería llegar. ¿Queda claro?

No hay palacio, sino casas capitulares. Además entre la catedral y las edificaciones del monasterio existe un “espacio libre de edificios”, una “plaza interior”. ¿Se dan cuenta porque pedía yo un helicóptero para que el obispo saltara de la catedral hasta cualquier tejado del monasterio de Antealtares? ¿Se dan cuenta ahora como el autor del artículo no sabe de lo que habla? Esto no es un error tipo obispo-arzobispo. Es desconocimiento. En primer lugar es reproducir la creencia popular de que el monasterio “estaba pegado a la Catedral”, cuando lo que están “pegados” en 1117 son sus límites, que es muy diferente. Y en segundo, en dar crédito a la existencia de un palacio –que en realidad ya en 1077 no se sabe si es un topónimo o un edificio- donde se levantan ya las casas capitulares.

Queda clarificar que edificios existían al sur, en la “Quintana de los Muertos” Ya lo ha dicho monseñor genéricamente: las casas capitulares. Por si acaso todavía hay duda especifico, son tres: la Canónica, el Refectorio- Despensa del Cabildo y Dormitorios de los canónigos de la iglesia de Santiago. Todos son edificios independientes, construidos en perpendicular a los muros de la catedral de este a oeste. Ahora vuelvo a preguntar ¿Qué hay del Palacio? ¿Dónde lo colocamos?

Resumiendo los errores del autor del artículo en esta sección:

1.- Los burgueses de Santiago no son, en esta ocasión, responsables de los disturbios. Tampoco son los organizadores de la conspiración.

2.- El palacio de Gelmírez está en el lado opuesto y en el otro extremo de la Catedral.

3.- No existe prueba documentada de que la fachada de Platerías recibiera daños en esa jornada.
Recalco, en 1117. Sobre otras fechas, no me pronuncio aquí.

Resumen de errores mencionados en mi anterior intervención:

1.- Iconografía “La Mujer Adúltera”. Posiblemente no sea la propia iconografía el origen de su denominación en el mal llamado “Códice Calixtino”

2.- No se hace una descripción física de la pieza que titula el artículo.

3.-Se acusa al cronista del Códice de omitir, olvidar e inventar sin aportar datos o argumentos que respalden la acusación.

4.-No discrimina entre la fecha de elaboración y la fecha de entrega del documento.

5.-El autor menciona piezas ajenas a la fachada de Platerías y olvida citar un solo ejemplo.

6.-Alega diferencias de color en la iconografía y su defectuosa colocación en el tímpano para proponer una ubicación diferente. Razones invalidadas por ser características comunes a casi todas las tallas.

7.- Parece que ignora que las diferencias de color son, hasta cierto punto, superfluas, porque las tallas estaban policromadas originalmente.

8.-Concluye insinuando que la iconografía fue creada para un edificio civil. Pero los motivos que alega, los anteriores, no son válidos.

Demasiados errores e imprecisiones.

Consecuencias.

El tema de la “Mujer con calavera” pudo suponer un hito en la revista Románico, crear afición, multiplicarla. Una oportunidad perdida.

Nota final.
He leído con atención las respuestas a mi primera intervención. Gracias. Las contestaré todas.

Un saludo.

José Ramón González Martínez.
D.N.I. 36035786-F
Teléfono personal 692600750
Correo electrónico: josergm1@hotmail.com

Al final no he podido insertar el esquema-chapuza que menciono. Si alguien sabe como hacerlo me lo puede indicar. Gracias. (está hecho en Word, con sus herramientas)
josep manel
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Re: Crítica a la Mujer con calavera. II parte.

Mensaje por josep manel »

Jota:
He quedado agotado. no de tu extensa y permonerizada batalla de Compostela; si no de seguir las peripercias del "pobre tirano" Gelmirez, que forma tenia el tio, sube, baja, salta tapias, se descuega por los patios vecinales, derriba paredes, se disfraza, etc. etc.
Era mas bonita y heroica la leyenda, "el pueblo compostelano harto de cacicadas o abusos del obispo Gelmirez se lanza a la calle en defensa de la libertad perdida" y tú me la desciendes a lo que es probablemente la realidad, una simple algarada que se transforma en saqueos de todo lo saqueable incluida la catedral del Santo ( y luego hablan de la sacralidad de la época.
A estas alturas, la Iglesia sobre ese tema, creo que no oculta nada. la información está al alcance de cualquier interesado, la simonia imperante en la EM es de sobras conocida y la propia iglesia, hacia predicas en contra de lo que prácticaba, en fin lo de costumbre, una cosa es predicar y otra dar trigo, que decían en mi pueblo.
Con todo me quedo con unos hechos, fuera de toda especulación:
Uno, iniciara quien la iniciara, lo cierto es que el pueblo de Compostela o parte de él, se hecha a la calle; según entiendo de tus notas, ambos bandos en lucha se ven asaltados por la turba que aprovecha la ocasión para saquear los palacios y la catedral. Seguramente ninguno de ellos lo pretendia, pero a veces es el resultado de incitar a las masas.
El pueblo. vio que no habia poder. los detentadores del mismo se peleaban entre si, y ambas facciones eran sus explotadoras.
Dos, a consecuencia del enfrentamiento se producen incendios de mayor o menor consideración (por paja o tablas del suelo, no ardieron pocas iglesias), no tenemos valoración de daños, solo opiniones interesadas.
Tres: Si el fuego se trasladó desde el palacio, simplemente nos diria que fue un incendio externo, pero de las notas se deduce que el fuego proviene del interior.
Cuarta: sigue sin aclararse el batiburrillo de figuras de la Puerta de Platerias, si fue así concebido, creo que se adelantaron a su tiempo unos cuantos siglos. Venga de donde venga "la mujer de la calavera" no le veo sentido en la puerta; claro que toda ella no lo tiene, por partes puede, completa desde luego que no.

Dicho esto, el resto es historia, y con el mayor respeto Jota, te digo que a mi me basta con la explicación creible o no, de que dicho caos, desorden, emplea la palabra que menos te incomode es producto de un incendio a consecuencia de una revuelta popular o de cualquier otra teoria por peregrina que pueda ser.
La Puerta de Platerias, es lo que es, una maravilla, desorganizada, pero MAGNIFICA.

Curiosidad-Conocimiento. Josep Manel
JOSEP MANEL
a_cobreros
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Re: Crítica a la Mujer con calavera. II parte.

Mensaje por a_cobreros »

Estimado señor JOTA:

En primer lugar y para que sirva de precedente, las críticas en este foro se realizan con nombre y apellidos y a cara descubierta, sin esconderse en seudónimos.

En segundo lugar, y en el aspecto que a mi me concierne le dire que sus razones y arqumentos para criticar la maquetación y disposición de fotografías y texto en el artículo de F.J. Ocaña carece de fundamento. Es muy fácil realizar una crítica con una visión parcial y focalizada de un Original y extenderlo al valor material del número completo. No voy a entrar a valorar las críticas que realiza sobre el artículo pero lo que si le diré es que las la publicación de las tres páginas anteriores a l mismo en las que se exponen Tres cabezas silenses son únicas y nunca antes publicadas, y da la casualidad que son del mismo autor. Sólo por este motivo ya está justificado el valor de diez euros del ejemplar.

Además añadiré que si usted se ha sentido, como dice, estafado por la calidad del número de la revista me comprometo a devolverle los diez euros siempre y cuando comprometa su honestidad a no comprar ningún ejemplar más de nuestra revista en el futuro.

Muchas gracias

Antonio Cobreros Yeregui
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Antonio
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Re: Crítica a la Mujer con calavera. II parte.

Mensaje por Antonio »

Buenas tardes:

Señor Jota: Vd. se ha identificado y eso le honra. Ahora bien, no debería haber aportado su DNI, no sea que se vea implicado en algún tipo de estafa o chanchullo, cada vez más común en la red.

Humildemente
CARLOS SASTRE
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Re: Crítica a la Mujer con calavera. II parte.

Mensaje por CARLOS SASTRE »

Jota escribió:Sin preámbulos. (Procede de: Crítica al art. del prof. F.J. Ocaña. Es la continuación de la crítica al artículo “La mujer adúltera…” iconografía del tímpano de la fachada de Platerías de la catedral de Santiago de Compostela, insertada en este foro)

La división de mi crítica en dos apartados no es casual, puesto que las materias y los argumentos son diferentes, como veremos.
El objeto de mi atención se concentra esta vez en dos párrafos: el 18 y el 19, exclusivamente.
Seré breve. Obviando algunos aspectos (p. e., arzobispo por obispo) que son claramente achacables a un “lapsus calami”, respondo a algunas de las cuestiones planteadas por JOTA

Jota escribió:Año 1117. El autor del artículo acusa a los “burgueses” de asaltar la catedral. Cuando dice “burgueses” se refiere obviamente a los habitantes del burgo -recinto medieval amurallado donde se concentra un número importante de población. Pero entiendo que, a lo mejor, también se refiere al germen (subrayo lo de germen pues no ignoro que estamos en la edad media) de una nueva clase social desconocida hasta entonces, localizada exclusivamente en los burgos, una clase compuesta de artesanos y comerciantes que prospera económicamente y que, precisamente, por su creciente importancia y poder económico, empieza a reclamar su participación en el poder político, del que está totalmente excluida.
OBJECIÓN: “Santiago [...] es llamada `villa burgensis’ por el papa Pascual II” (1099-1118): José Campelo, en su Introducción a la Historia Compostelana, p. LXXXVI, n. 3 “En la ‘Compostelana’ aparece frecuentemente la palabra ‘burgensis’ como sinónimo de ‘civis’ o ciudadano (no noble) de Compostela” (Ibidem, n. 4).
Jota escribió:Es fácil aceptar la proposición que nos hacen en el artículo porque tiene lógica. Se trataría de una pugna política entre el poder feudal establecido (en este caso concentrado en manos del obispo Gelmírez) y un grupo social que empieza a emerger y exigir su cuota de participación en el gobierno civil. Pero los artículos especializados no se construyen con lógica. Se escriben con sólida información y con la exposición de datos concretos que ilustren la acusación formulada. No olvidemos que estamos acusando a una ciudad de unos incidentes gravísimos. Yo intentaré liberarla de tal acusación, como hice antes y a mi manera, con la “Mujer adúltera”.

Si nos informamos bien sobre este episodio descubrimos que, contra todo pronóstico, el núcleo inductor de la revuelta no son burgueses. Son canónigos que le disputan el poder a su propio obispo. ¿Qué participaron los habitantes del burgo? Si, desde luego. La ciudad entera acabó levantándose en armas. Ya veremos el motivo.

Pero lo importante –subrayo lo que viene a continuación- es saber que la revuelta, por encima de cualquier otra consideración, es una lucha intestina entre dos “partidos”: por un lado canónigos de la catedral aliados con monjes de San Martín contra los canónigos partidarios del obispo Gelmírez por otro.
MATICEMOS: “Llegó ante él (i.e., Gelmírez) el abad de San Martín [Pinario] llevando consigo un crucifijo que le entregó. Después de recibirlo, se confesó el obispo, salió de la torre como para entregarse al martirio y, dejando su manto y tomando de uno cualquiera una vilísima capa, ¡cosa admirable!, puesto el crucifijo ante su cara atravesó por medio de las líneas de los que luchaban. (H. C., ed. Falque Rey, p. 275). Para Fletcher, “Diego escaped through the mediation, it seems, of the abbot of San Martín Pinario” (St. James Catapult).

“Después que la reina rechazó el asalto del pueblo […] partió también ella huyendo hasta la iglesia de San Martín [Pinario]”, para estar allí más segura” (Ibidem, p. 276).

No se compadece con la idea del monasterio como cabecilla de la revuelta. En realidad JOTA se refiere al abad de Antealtares. Un iluminador caso de ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio…

Jota escribió:Interviene a favor del obispo, la reina Urraca. Lo cuento como anécdota porque la Historia Compostelana contiene grandes enfrentamientos y tensiones entre estos dos protagonistas de la época y tanto los vemos juntos, como aliados, que como enemigos. De hecho, la reina manipula en varias ocasiones la oposición que existe en la ciudad de Santiago para contrarrestar el poder del obispo en el corazón de su propio feudo. Pero vamos a lo que interesa y veamos concretamente quienes son los “rebeldes” y quien acaudilla el levantamiento en esta fecha concreta, en 1117.

Escenario
La reina Urraca y el obispo Gelmírez aparecen aliados en este capítulo contra un tercer adversario, un grupo de conspiradores. Entran con tropas en la ciudad de Santiago de Compostela sin oposición. En este momento no existen disturbios. Las tropas buscan a los enigmáticos líderes que excitan a la población contra el obispo. Los implicados en la conspiración alertados de las intenciones de sus enemigos, se esconden. El biógrafo del obispo Gelmírez nos cuenta lo que sucede en la Historia Compostelana. Yo tengo una Edición de Emma Falque. Ediciones Akal, 1994. Leemos en el Capítulo CXIV, página 272:

“Los compañeros del desgraciadísimo Judas se refugiaron unos en la iglesia de Santiago, otros en otras iglesias, los otros se escondieron en sus refugios. Uno, que era de los cabecillas de la conspiración (2) tomo fingidamente el hábito monacal para ser liberado del peligro de muerte por el abad y los otros monjes en la iglesia de San Martín; y así escapó como monje de la ira de la reina”

(2) Llamada 747 de la autora, Emma. Nos informa: “Posiblemente Arias Muñiz, del que se vuelve a tratar al final de este capítulo”

¿Arias Muñiz? Me suena. ¿Dónde he leído ese nombre? Retrocedo en el libro, hasta la página 113.
Está en la lista de los 72 canónigos de la Catedral. El líder de la “rebelión” que está a punto de desencadenarse ¡es un canónigo del obispado! Más aún ¡es el arcediano!
Ahora se entiende porque el cronista y biógrafo de Gelmírez lo tacha de Judas. Es una clara alusión a la traición de una persona muy cercana y de plena confianza.
En primer lugar, la Historia Compostelana no da el nombre, siendo una conjetura que se trate de Arias Muñiz.

La HC (p. 265, ed. Falque) explica que el tal Arias era un “conspirador” que “exigía del obispo un honor y dignidad eclesiástica por mano del pueblo, a lo cual se negaba totalmente el obispo. Pues era injusto que el que fuese honrado por la violencia del pueblo, en contra de la voluntad del obispo, lo fuese en la iglesia de Dios. Pero, cuando comprendió el obispo que si él no le honraba o bien sus palacios serían destruidos por completo hasta los cimientos o bien se cometerían contra él mismo cosas peores, entonces el obispo, muy obligado por el pueblo de la ciudad […] cedió de momento”. Vamos, que Gelmírez se vio sometido al chantaje de un gángster que actuaba en nombre de una burguesía descontenta con las gestiones del prelado. Si eso es “una persona muy cercana y de plena confianza”, que venga Dios y lo vea…

HC, P. 262 (ed. Falque): Entretanto los mencionados conspiradores, atrayéndose al clero y al pueblo…

En cuanto al apelativo “Judas”, baste recordar que es una constante en la HC utilizar nombres bíblicos para calificar a los actores: Urraca es “Jezabel”, Alfonso VII, “Herodes”, etc. Conviene recordar que, en algunos casos los revoltosos son llamados “scariotides” (HC, p. 234, ed. Suárez y Campelo), por lo que no es lícito su “excursus” sobre Arias-Judas.

Jota escribió:Pero hay otra consideración. No me pasó desapercibido un detalle –por eso elijo esta cita- y seguro que a ustedes tampoco. ¿El abad de San Martín protegiendo al arcediano de la catedral? Que raro, porque esta acción lo convierte en cómplice. En efecto, comprobaremos más adelante como el abad y sus monjes intentan conducir al obispo a una muerte segura, a una celada. Veremos como el obispo se libra de la muerte al sospechar la implicación del abad y sus monjes en la intriga. Veremos también como al final, el cronista intenta exculpar al abad, aunque no a una parte de sus monjes.
Las disputas internas, las intrigas entre los hombres de la iglesia en Compostela eran una constante. Salvo contadas excepciones la sangre nunca llegaba al río. Se perdonaban y reconciliaban con la misma facilidad que volvían a la gresca. En la Historia Compostelana el cronista además de llamar “patanes” –literalmente, en la página 110- a los clérigos dice: “llegaban a matarse unos a otros” (esto lo dice en la página 115).
Bien. Esto hay que contextualizarlo. Gelmírez se encuentra la Sede “hecha unos zorros”, con una curia que practicaba todo tipo de vicios; además, la observancia de Rito Romano era pura entelequia. Uno de sus primeros movimientos consistió en “hacer limpieza”. Para ponernos en situación la HC carga las tintas acerca de la indecorosa caterva de los miembros de la Sede (útil el trabajo de K. Herbers, “Desarrollo del Santiago Político”).

Jota escribió:A continuación vamos a leer el motivo del levantamiento de los ciudadanos. Se narra en la página que cité al principio –la 272-, en el siguiente párrafo. Habla el obispo Gelmírez:

“ Reina –dijo- no es lícito que nadie sea sacado de la iglesia después de haberse refugiado en ella, aunque sea ladrón, perjuro, traidor, aunque sea un criminal. Pero todos sus bienes que están fuera de la iglesia, sean entregados al saqueo y sean tomados por los nuestros”.

Lo cual parece que se cumple porque en el siguiente párrafo se desata la rebelión. ¿Dije rebelión sin comillas? Corrijo. La ciudad se defiende del saqueo. Eso no es rebelión, es defensa legítima de sus propiedades y vidas. Leamos lo que sucede a continuación: “La Fama, más veloz que ningún otro, propaga que los soldados del obispo y de la reina han atacado a los compostelanos…Corren los cómplices de la traición al combate y, atrayéndose a los conocidos y amigos, quieren acabar con el obispo y la reina que habían querido acabar con ellos”

He aquí el motivo de la revuelta (caso que nada tiene que ver con la rebelión de burgueses de Sahagún, por poner un ejemplo) Se supone que los soldados que protegían al obispo y a la reina o fueron pasados a cuchillo o mucho corrieron abandonando a su suerte al obispo y a la reina, porque no se sabe más de ellos. En el siguiente pasaje aparecen ambos –obispo y reina- cercados junto a un pequeño grupo entre los que se encuentran familiares del obispo. Como vemos, las familias y amigos de unos y otros, tuvieron una participación muy activa.

Lo importante está dicho. Nuestra sorpresa es grande porque no aparece ni un solo burgués liderando la “revuelta”. Ni uno. Participarían como personajes secundarios, no lo dudo. Por fuerza –yo también lo sospecho- algunos líderes civiles descontentos tuvieron que participar. Pero lo cierto es que el documento no los menciona en ninguna parte. De ahí procede mi enfado hacia el autor del artículo. Se limita a reproducir la versión “tradicional”, distorsionada, la que leemos en los folletos turísticos editados por el arzobispado. Al arzobispado de Santiago de Compostela le cuesta aún hoy asumir la vergonzante realidad histórica.
Uno de los mejores estudios sobre la época de Gelmírez es el redactado por Richard Fletcher (Saint James' Catapult: The Life and Times of Diego Gelmírez of Santiago de Compostela; hay traducción al gallego). En su análisis de la revuelta de 1117, el eminente historiador no tiene las cosas tan claras como Jota:

“We do not know precisely what it was about the running of the town that the opposition found so hateful. Perhaps it was simply that it was run by and for a clique of family and clients of which Diego was the boss. All the ringleaders were Galicians. Diego loved French ways, gave ecclesiastical preferment to French clergy, entrusted the keeping of the official record of his pontificate to a Frenchman -- and was sheltered by French townspeople in the course of his escape from Compostela. Might we have here a clue to another of the underlying causes of the rising? Perhaps: but we cannot be sure. The leader who was not a native of the town sounds like a man of similar social background to Diego. His ambitions over the temporalities of the see are suggestive. Was he a landowner who considered that he had been cheated of his rights by the church of Santiago? Was he a member of a rival family -- in rivalry for the same kind of jobs -- to the family of Gelmírez? Again, perhaps: as we saw in the last chapter, there were plenty of people of precisely this type among the Galician squirearchy. We cannot now recover the dense tissue of family feuds in the Tierra de Santiago.”

Jota escribió:El conflicto entre clérigos implica y se extiende a toda la población. Esa es la realidad y eso es lo que hay que destacar en primer lugar. Y no lo que asegura el autor del artículo. Dice textualmente: “La catedral fue asaltada en el año 1117 por los burgueses compostelanos en batalla campal con el arzobispo Gelmírez…”

¡Por favor!

Reparen en que la catedral está ocupada por los conspiradores. No tienen que asaltarla porque ya están dentro. Es su refugio. Pero de esto hablaremos cuando procedamos a evaluar los daños que se producen, según el autor del artículo, en la fachada de Platerías. De momento recuerden quien ocupa la catedral.

Mi reproche inicial era: ¿Por qué menciona y acusa a los burgueses, y no menciona a los verdaderos promotores del tumulto? Este dato, por muchas ampollas que levante, sugiere que el autor del artículo no leyó dicho documento o no lo tiene en mente. Cualquiera de nosotros, bien informado, diría algo parecido a esto: “La represión –por parte del obispo Gelmírez y la reina Urraca- de una conspiración de un partido del clero compostelano opuesto a Gelmírez desencadena una revuelta que acaba implicando a toda la ciudad…”

Cualquiera de ustedes puede redactar este episodio mejor que yo teniendo clara la idea de lo acontecido en 1117 en Santiago de Compostela.

Dice el autor del artículo de la revista que el obispo Gelmírez “ejercía su labor más como reinado que como obispado”. No lo mencioné antes para no complicar la redacción, pero la verdad es que discrepo también en este punto. Para empezar, en todo caso es más apropiado decir que gobernaba como un señor feudal -de hecho poseía más tierras que la mayoría de los nobles gallegos. Pero una cosa es “reinar” y otra cosa es gobernar como un cacique (palabra muy utilizada en Galicia para referirnos a casos como el que nos ocupa) entregando a los miembros de su familia natural y a sus amigos los puestos relevantes. Sabemos que el descontento de una facción de su propio clero es una de las causas que originaron la conspiración (no la revuelta, como sabemos). Otros hombres de la iglesia “reinaron” después de Gelmírez, convertidos ya en arzobispos, pero tuvieron un gobierno en paz, o al menos no tan agitado como el que se vivió en su época (hubo más revueltas contra Gelmírez y lo intentaron asesinar en varias ocasiones) Entonces, no es “reinar” lo que origina las tensiones. Es “reinar” mal. Esta puntualización es más importante todavía porque les hace justicia a los arzobispos que lo hicieron bien y fueron queridos por los compostelanos en general y por los canónigos y monjes en particular. El autor del artículo parece no ver tan clara la importancia de esta matización como yo. Para mí, el error es suyo. Estamos hablando de una ciudad y de graves acusaciones. No podemos proceder de forma ligera y reproducir errores históricos. Hay que ir con la verdad por delante para hacer justicia a unos y a otros.

En tiempos de Pedro I, los papas vendían los cargos eclesiásticos –dependientes de Roma- al mejor postor. Había subastas públicas en Roma de los obispados franceses, españoles, etc. que iban quedando vacantes por un motivo u otro. El que compraba el obispado, para recuperar su “inversión”, a su vez vendía los cargos bajo su jurisdicción y así sucesivamente. En tiempos de Felipe II, este monarca regalaba los obispados españoles a quien más le placía.

Quiero decir con esto –y también lo subrayo- que tanto civiles como clérigos “reinaron” en algún momento de la historia en el lugar que no les correspondía (¡por eso es más necesario puntualizar!) Los monarcas “reinaron” en la Iglesia y la Iglesia en los asuntos civiles o “temporales” Sin ir más lejos, el antecesor del obispo Gelmírez, el último gobernante de la sede de Iria Flavia, Diego Peláez, fue despojado de su cargo y estuvo en la cárcel porque el rey lo acusó de confabulación con potencia extranjera.

El autor del artículo de la revista lo tenía muy fácil. El menciona los disturbios sólo para anunciar que afectaron a la fachada de Platerías. Pues que lo diga tal cual lo he hecho yo ahora mismo, sin acusar a nadie. ¡Por Dios! ¡No te compliques la vida! Que cada cual entienda lo que quiera según su conocimiento de la historia. Pero tú, no estropees tu trabajo.

Con esto llegamos al último punto en discordia: los daños. Para ser más exacto, la presunción de daños, puesto que no hay relación alguna de los mismos en la Historia Compostelana. Hecho que me asombra porque la intención de los cronistas es desacreditar a sus adversarios y enemigos. Si el cronista dijera, por ejemplo, que los “traidores” destruyeron el Palacio del obispo, al lector hasta le parece normal e incluso justo, viendo las intenciones iniciales del obispo y la reina. Si el cronista denunciara grandes daños en la catedral, lo cual era de esperar, todos pensaríamos ¡pero que desgraciados ese arcediano y su banda de canónigos y monjes jacobinos!

Pero como tal denuncia no existe, -es fraudulenta, como veremos- nos puede inducir a pensar que no hubo tales daños o que fueron menos importantes de lo que suponíamos en principio. Me refiero a la fachada de Platerías, en concreto.
Tal afirmación, como lo diría…¡es una faena! porque nos obliga a seguir investigando, si aspiramos a conocer la verdad. A lo peor nunca lo conseguiremos. Pero lo que no podemos hacer es rellenar un vacío documental con una hipótesis más que dudosa, en mi opinión.
HC: “Finalmente, los compostelanos […] acudieron a una al incendio y uniendo los escudos sobre sus cabezas meten fuego por una ventana que había en la parte inferior de la torre. Tras introducir el fuego, meten también combustible para el fuego” (p. 274).
“Y los que habían quedado en la torre, después que ven que las llamas han superado la altura de la misma, se precipitan desde los alto” (p. 275).
“Se quemaron la torre, las vigas y las tablas, y las campanas de bronce, que pesaban mil quinientas libras, se quemaron y cayeron” (p. 276).

Parecen destrozos importantes ¿no?
Jota escribió:Por otra parte, dudo que tanto clérigos como burgueses opositores a Gelmírez ocasionaran daños deliberados a la catedral. Los artesanos y comerciantes ¿acaso no dependían de ella para su subsistencia? ¿Por qué iban a causarle daños a la catedral?

Pero como a estas alturas de la vida estamos hartos de que la lógica nos conduzca a lugares y conclusiones equivocadas, lo mejor será hacer un meticuloso rastreo de los sucesos.

Recuerden que el partido contrario al obispo (me niego a pronunciar “burgueses”. De hecho “partido” es el nombre que utiliza el cronista de la Historia Compostelana en alguna ocasión para denominar a sus adversarios, por ejemplo, en la página 282) está refugiado en la catedral.
No lo dice la crónica pero imagino que desde allí mismo y desde las otras iglesias donde se refugian los conspiradores, tocarían las campanas a arrebato, llamando a la población a las armas. Todo debió ocurrir muy deprisa, pues el obispo y la reina no pudieron abandonar la ciudad a tiempo. Se refugiaron en el Palacio de Gelmírez y es allí donde los cercan los ciudadanos, una vez que se apoderan de las calles y los soldados de la reina y del arzobispo son puestos en fuga o muertos –no sabemos que pasó con ellos. Aquí llega el primer gran inconveniente. ¿Dónde estaba el dichoso palacio? El autor del artículo lo tiene clarísimo: “pegado a la fachada de Platerías”. Atención. Es un dato crucial, porque la proximidad del palacio en el asalto justifica los daños en la fachada. Serían daños “colaterales”.

Averiguar donde estaba ubicado el palacio de Gelmírez es vital para deducir –y sólo deducir- los posibles daños en la fachada de Platerías. En torno a este punto hay, lo sé, mucha, muchísima, confusión.

Como es obvio, lo primero es recurrir a los contemporáneos y comprobar si nos proporcionan datos o pistas fiables. Si aún así dudamos, recurriremos a la opinión de terceros, a las figuras más autorizadas en la materia. Si se aceptan, propongo a López Ferreiro y a monseñor José Guerra Campos responsable, en parte, de mis mejores conocimientos. Monseñor José Guerra Campos (que sabía latín, en el sentido más amplio de la palabra, nos da, aún muerto, lecciones a todos) le dedica un corto capítulo a esta cuestión en su excelente libro: Exploraciones Arqueológicas en torno al Sepulcro del Apóstol Santiago. Yo me hice con uno de los primeros ejemplares que salieron a la venta en 1982. Estaba aún caliente y olía a tinta fresca de la rotativa de la imprenta Aldecoa de Burgos. El capítulo en cuestión lo titula “La Quintana de Palacios” y podemos encontrarlo en la página 379.

Pero primero hojeamos la Historia Compostelana. Por favor, atiendan a la confusión que se origina, motivo por el cual recomendaba acudir a la opinión de terceras personas.

“El obispo y la reina en los palacios de este (1), después que oyeron los clamores y el estrépito de la ciudad y de qué manera los compañeros del Iscariotes habían incitado a los ciudadanos contra ellos tuvieron miedo… vieron….que la iglesia de Santiago y los palacios eran asediados por grupos de gente armada y eran atacados con más fuerza…Es tomada la iglesia del Apóstol con frecuentes asaltos, vuelan las piedras, las flechas, los dardos sobre el altar y se llevan a cabo sacrílegos combates por parte de los traidores”

(1) Llamada de Emma. Cita 751. Apostilla. “La reina Urraca y el obispo se refugiaron primero en lo que quedaba del palacio episcopal, que se alzaba con su torre frente a la parte norte de la catedral, y luego viendo que una chusma armada se estaba apoderando violentamente de él y que allí ya no estaban seguros, decidieron trasladarse a la torre de las campanas junto con algunos del séquito. H.S. Martínez, op. Cit., 319”.
Falque Rey es filóloga, por lo que ha de remitirse a otros autores en cuestiones como la de la ubicación del palacio episcopal.
Jota escribió:En la cita hay mucho material para analizar. Olviden -algunos del foro- las antipatías personales durante un instante. Les implico para que no nos tomen el pelo, ni a ustedes ni a mí.

Primero. Vemos que los compañeros del Iscariote, (Judas, el arcediano) pasan de la defensiva a la ofensiva.

Segundo. Les advertía antes que lo recordaran. Recuerden ahora ¿Quiénes se refugiaban en la iglesia de Santiago acogiéndose al derecho de asilo? Los traidores. Entonces, ¿como van a asaltar una posición que ya es suya?

Yo entiendo perfectamente las intenciones del cronista. Operación desprestigio del enemigo “dardos sobre el altar”, “sacrilegios”. Es bligado pensar: ¡Qué horror!, ¡qué canallas!, ¡qué desgraciados!, que malos malísimos.

Tercero. Con nota de humor. Si el obispo y la reina están en los palacios del obispo, como asegura el cronista ¿que hacen esos “indios” tirando flechas a la catedral? ¿Quién está en el interior, a quién diablos atacan?

No hay por donde coger el relato del cronista. Se coge antes a un mentiroso que a un cojo. Yo me reía cuando lo leía. Más adelante lloré de la risa, cuando el pícaro obispo, para salvar su vida, entrega a la reina como “ofrenda” a los sitiadores. Pero no nos anticipemos. Llega lo más terrible, un punto y seguido más adelante. Este sí que es un golpe teatral, un drama, para ser más exactos:

“Los perversísimos atacantes pegan fuego a la iglesia de Santiago y la incendian por uno y otro lado; pues no poca parte de la iglesia estaba cubierta con tablas y paja….¡Oh, dolor! La llama de la iglesia del Apóstol sube a lo alto y por todas partes se ofrece un horrendo espectáculo…Después que el obispo y la reina vieron el incendio de la iglesia y que los mencionados cómplices con tan gran multitud estaban dispuestos a toda maldad, no atreviéndose a confiar en los palacios del obispo, se refugiaron en la torre de las campanas junto con su séquito. Los compostelanos suben a lo alto de la iglesia del Apóstol y pasando al palacio del obispo, corren, roban, tiran”

A ver señores ¿en que quedamos? ¿Sube la llama todo lo alto por todas partes o nos cuentan una milonga? Es una milonga. Los traidores corren por arriba y por dentro del templo persiguiendo o buscando al obispo. El obispo después de abandonar la torre de las campanas, alcanza la calle y se introduce de nuevo en la iglesia –va disfrazado de pordiosero- del Apóstol y desde dentro hace un recorrido en zigzag hasta que alcanza, a través de un acceso, la Corticela, que estaba todavía separada de la catedral. Vuelve a ascender. Vuelve a bajar, todo en medio de las llamas, claro. Lo dicho, no hay por donde cogerlo.

Apelo a la inteligencia y al sentido común del lector. ¿Es posible que en medio de un incendio tan “terrible” atacantes y atacado jueguen al gato y al ratón por los tejados de la catedral y por su interior? Imposible. El humo de la paja podría ser aparatoso, pero no destructivo. La que si sufrió daños es la torre de las campanas, porque nos explican como introducen “combustible” –suponemos que las tablas de la obra, pues no irían a cortar leña al monte- por una de sus ventanas. Es ahí donde se consuma la tragedia para el hermano de Gelmírez, que es ensartado al huir de las llamas y el humo. Es ahí donde Gelmírez le dice a la reina eso de “las damas primero” y mientras los compostelanos se entretienen maltratándola, desnudándola y arrojándola a un lodazal, Gelmírez logra escapar disfrazado de pordiosero por entre la multitud, pasando por delante de la reina como si la cosa no fuera con él.

El cronista describe las carreras por los tejados y las carreras por el interior de la catedral. Miente como un bellaco cuando nos pinta un escenario dantesco. Por la boca muere el pez. Debería hablar de hogueras más que de incendios. Es mi opinión.

Y ahora llega el momento de preguntarse ¿Donde están ubicados la torre de las campanas y el palacio? Estarán de acuerdo conmigo en que son los lugares donde se concentran la destrucción y la lucha.

De momento sabemos que hay acceso, por los tejados, desde el palacio a la iglesia y viceversa. De hecho hay mucho “tráfico” por los tejados del palacio a la iglesia y de la iglesia al palacio. Es la “ruta de la plata”, digo yo con humor, en alusión a toda la que roba la chusma que se suma a los disturbios y que se entrega al saqueo del palacio.

Ahora regresemos a la llamada de Emma –cita 751- que ya hemos leído. Dice que el palacio se alza “con su torre frente a la parte norte de la catedral”.
Ya tenemos polémica asegurada. Porque al carecer del conocimiento del punto exacto de referencia del observador lo que nos dicen es: nada o casi nada. Podemos complicar la suposición todo cuanto queramos. Porque ¿Que entendemos por “frente a”? La parte norte de la catedral, desde el vestíbulo oeste de la catedral, es la torre de la Carraca. Y el norte desde la torre de la Carraca, el actual palacio. El palacio no tenía las dimensiones de hoy día como supongo que todos saben. Es decir, su muro oeste no llegaba hasta la plaza del Obradoiro, ni mucho menos, pero tampoco la catedral, como veremos. Pero claro, desde la puerta del Paraíso, al norte está San Martín Pinario –con mucho espacio por medio. Y desde el palacio el norte ¿dónde está? Imposible saberlo. Hay que saber antes donde está el palacio. Este es el problema que plantea carecer del punto de referencia del observador.
Pero queda claro que nos dicen que está al norte, no al sur. Este es el dato válido. Si hubieran querido indicar que el palacio de Gelmírez estaba hacia la plaza o quintana, al sur, en la cabecera de la catedral, tendrían que expresarse de otro modo, obligatoriamente. No imagino una redacción tan enrevesada como esta: con su torre frente a la parte norte de la catedral, es decir, a su espalda, al sur, dirección este. Sería de risa y habría que apalear –figuradamente- al redactor. El cronista de la Historia Compostelana dice más adelante que el palacio se vuelve a edificar. De hecho dice “reconstruir”. Y reconstruir significa volver a construir en el mismo lugar. Esto me concede completamente la razón en “mi” suposición de que el palacio de Gelmírez estaba donde está ahora -con la matización de dimensiones que ya he hecho.

A lo mejor a la gente no le interesa tanta documentación e hipótesis. A lo peor, se aburre. Obviamente yo jamás escribiría así un artículo. Pero si pongo en duda la afirmación del articulista de la revista, es mi deber demostrar que está equivocado, aunque sea un “rollo” para muchos lectores. Intentaré abreviar. Amenizar lo veo más difícil.

Nota. Hice un esquema-dibujo con las herramientas de la hoja de Word pensando en las personas que no conozcan o recuerden la disposición estructural de la catedral. Como no sé manejar programas de gráficos, carece de proporciones y la califico de auténtica chapuza. Está al final de las notas y espero que sea útil como esquema orientativo, sin más.

La teoría que yo apoyo (mía no es ninguna) la expongo muy gráfica. Como siempre, a mi manera. Plaza del Obradoiro. Nos colocamos contra el muro del actual palacio de Gelmirez. Con la mente corremos ese muro unos 30 metros hacia atrás, hacia el este, cuesta arriba, salvando el desnivel, hacia la cabecera de la catedral. Está claro ¿no? Ahí empezaba el muro del antiguo palacio de Gelmírez. O acababa, según se mire. Ahora entremos en la catedral por la puerta oeste de la misma plaza, que tenemos al lado, subiendo las escalinatas. Atravesamos la lonja y nos situamos justo debajo del centro de la cúpula del nártex o vestíbulo románico del maestro Mateo. Miren hacia el altar mayor. Todo lo que tienen a su mano derecha y a su mano izquierda, muros incluidos, más unos pasos hacia delante y otros hacia atrás son los únicos elementos pregóticos de la catedral. En 1117 no existían. En realidad ustedes estarían a la intemperie en aquella época. Para no equivocarnos vayamos hasta el crucero. Sin contar los cuatro pilares del cimborio, retrocedemos por la nave central contando los pilares de la derecha hacia la puerta por donde hemos entrado. Entre el cuarto y octavo pilar se concentran, en el subsuelo, las tumbas de lajas y los sarcófagos monolíticos. En el octavo estaríamos justo encima de la torre y muro que rodeaban la antigua iglesia de Santiago, antes de la obra de la catedral. El pilar nº 8 se asienta concretamente en el centro de la torre. Al llegar al décimo, ahí terminaba la catedral. De hecho el décimo pilar puede formar parte de la obra de ampliación de tiempos de Mateo. Si mis cálculos “a ojo” son correctos, la entrada a la catedral coincide con el muro del palacio de Gelmírez que hemos desplazado mentalmente hacia el este. Ahora, también mentalmente, imaginemos que no existen las capillas y dependencias que están a la izquierda entrando por la puerta oeste. Tampoco las que están adosadas al flanco derecho. En realidad tampoco existía nada del frontal que observamos desde la plaza del Obradoiro: biblioteca, sala capitular, museo, torre de la Vela y el claustro que está justo detrás.
Decir, por último, que las torres de la Carraca y de las Campanas actuales, que estaban en el mismo lugar que hoy ocupan, -sobresalían de la fachada- varían en dimensiones con las torres románicas originales de la catedral.
López Ferreiro asegura que la torre de las Campanas –la románica, la incendiada- es la actual torre de la Carraca, revestida de barroco. Monseñor Guerra Campos opina, por el contrario, que la torre de las campanas románica estaba donde está la homónima actual, también revestida de barroco.
En el primer caso la acción transcurre en el punto más distante de la fachada de Platerías, o sea, en el otro extremo y en el lado opuesto. En el segundo caso, la primera parte del cerco es igual que la anterior –cerco al palacio- pero el final, -el cerco a la torre de las campanas- en el otro extremo, sin más.
Si aceptamos esta hipótesis, difícilmente podemos deducir daños en Platerías. Eso no es óbice para negarlos, porque pudieron ocurrir episodios de violencia en esa zona que el cronista no relata. Pero por la misma razón, porque lo ignoramos, no podemos asegurar lo contrario. Si alguien lo afirma es por conveniencia, porque es un argumento útil y fácil Esto debe quedar muy claro.

El autor del artículo escribe sobre un tema de arte y, en este caso tan conflictivo, con mayor razón, no está obligado a pronunciarse. ¿Para qué meterse en problemas? Pudo adoptar una postura más neutra y decir: “Constatamos un gran desorden en la fachada de Platerías. Cualquier hipótesis sobre el origen de esta anomalía es incierta a día de hoy y, en todo caso, les corresponde pronunciarse, en primer lugar, a los historiadores”. Punto. Sin más.

Pero el autor del artículo se adscribe, por conveniencia, a la más indemostrable de todas las hipótesis. Supone que el palacio de Gelmírez “estaba pegado a la fachada de Platerías”. Pero no sólo eso. Presten mucha atención. La frase completa es: “En esta acometida fue asediado, perseguido y hecho huir de su palacio arzobispal, que estaba pegado a la fachada de Platerías, cuyo tejado alcanzaba el de la catedral, por el que llegó al monasterio de Antealtares, donde se refugió, logrando después escapar de la ciudad”

Leyendo esta oración me caí de la silla. Pero no soy yo el que se rompe la crisma: es el obispo. Por partes. Primero llama al palacio arzobispal. Error, es palacio obispal. Hasta ahora a Gelmírez lo llamaba correctamente obispo, no arzobispo (para eso hay que esperar un par de años más) Esto delata falta de concentración, sin más. Es un simple lapsus, un descuido, olvídenlo. Vamos a lo importante. De lo que afirma se deduce que el obispo va del tejado de la catedral ¡al del monasterio! Leamos otra vez: “cuyo tejado alcanzaba el de la catedral, por el que llegó al monasterio” No se deduce, lo dice claramente. Exactamente aquí me caí de la silla. Y aquí el obispo se rompe la crisma porque del tejado de la catedral al tejado del monasterio no llega ni con pértiga. En helicóptero, si. Olvídense de los edificios actuales del monasterio. En 1117 estaban en dirección este, frente a la cabecera de la catedral, pero en la Quintana de los Vivos. Y entre la cabecera de la catedral y los edificios monásticos median espacios insalvables. La misma iglesia de la Corticela estaba separada de la catedral por un huerto y un muro o tapia que lo circunda (hoy existen en el mismo sitio dos capillas) Más al sur, en plena Quintana de los Muertos está el cementerio, en uso en aquella época.
Me cuesta decirlo, pero aquí descubrí, con total seguridad, que el autor del artículo no leyó la Historia Compostelana. Cuando el obispo sale de la catedral, no lo hace por “vía aérea”. Lo consigue escalando la tapia y atravesando el jardín de la iglesia de la Corticela. Hasta que llega al monasterio, ocurre todo esto por medio. Observen que el recorrido es en zigzag.

Página 380 de la citada obra de monseñor José Guerra Campos. Nos explica la huida de Gelmirez: “1, La Corticela; 2, la casa de Mauricio y la casa de Froilán Rosende, a la que llegó a través de tres casas contiguas (Nota mía. No por el exterior, por la calle. Lo hizo desde el interior, rompiendo y atravesando tabiques) 3, la iglesia de San Payo; 4, la travesía del claustro del monasterio, y de otro claustro del mismo; 5, el salto de un muro próximo a la Catedral, por la parte que daba al altar de San Pedro; 6, la llegada por los tejados, al Dormitorio de los canónigos (Otra nota mía. Este edificio sí estaba donde coloca el autor del artículo el palacio) 7, la salida, por la puerta del dormitorio, a la “Quintana del Palacio” que estaba delante del Refectorio (Nota mía. El refectorio o comedor y despensa se encuentran a continuación del dormitorio y es otro edifico independiente de los dormitorios); 8, por fín, saliendo a la calle del otro lado a través de la casa de Pedro Gundesíndez, alcanzó el obispo la Fajera, por donde se alejó de la ciudad. Los pasos de esta dramática huida dejan bien marcada la situación de la Quintana de Palacio”

En la plaza o Quintana -como prefieran- de Palacio no podía existía un palacio, al menos en 1117. Subrayo una vez más, en 1117. La polémica –que como advertía, no es nueva- sobre la hipotética existencia de algún palacio en la Quintana la zanja Monseñor José Guerra Campos. La cita es algo extensa pero totalmente esclarecedora: “Algunos piensan que este nombre –Quintana de Palacio, o de Palacios- proviene de los que había en el sector norte de la plaza. La reaparición, en 1934 y en 1963, de los restos de uno o dos de esos palacios bajo la escalinata provoca estos días comentarios que suponen y refuerzan tal convicción. Antes de que la dosis de error que ahí se esconde se vuelva contagiosa, parece oportuno aplicar el antídoto de algunos datos históricos. (Nota mía. Se refiere a la escalinata que separa la Quintana de los Vivos de los Muertos. Ver dibujo-chapuza)
El nombre de la plaza, al menos en su forma singular ‘Quintana del Palacio’, es muy anterior a cualquiera de los palacios erigidos en la zona de la escalinata. Mientras los palacios más antiguos no van más allá de los últimos decenios del siglo trece, la denominación ‘quintana del Palacio’ está registrada ya en los primeros años del doce; y el “palacio”, a que sin duda se refiere, aparece mencionado el año 1077 en el famoso pacto de Diego Peláez y San Fagildo. No está claro si “palacio” en este documento expresa directamente un edificio, o un topónimo, que denotaría aun mayor antigüedad. Por otra parte, el palacio y su quintana estaban situados en el lado opuesto de la plaza, el meridional, aproximadamente en el área que se extiende ante la torre del Reloj.”

La cita continúa pero es necesaria una aclaración. Hasta aquí J. Guerra Campos le daría la razón al autor del artículo ¿verdad? Es decir, si existió un palacio, fue en este lugar, en la actual Quintana de los Muertos, anexo a la torre del reloj, justo al lado de la fachada de Platerías. Pero es que estamos hablando del 1077 y ya dice que no está claro si existía el edificio o es un simple topónimo. En todo caso, de existir en 1077, fue engullido por 40 años de obras.
Continuamos con la cita:

“Nadie ignora que desde el tiempo de la construcción de la Catedral iniciada a fines del siglo once, hasta la mitad del trece las edificaciones del monasterio de Antealtares (iglesia, claustro y dormitorio) ocupaban la mitad norte de la plaza actual, y quedaban dentro de un cercado, cuyo límite meridional no pasaba lejos de la esquina del local de la Archicofradía; el septentrional avanzaba desde la Corticela hacia el Preguntorio. El espacio libre de edificios en el sector norte –corresponde a la actual Quintana de Vivos- constituía una plaza interior , propia del monasterio. Por esta razón en 1152 hubo de ser devuelta a los monjes una casa que había levantado allí el Deán Elías. En el sector sur, a continuación de los recintos monásticos se encontraban las casas capitulares”

Hasta aquí quería llegar. ¿Queda claro?

No hay palacio, sino casas capitulares. Además entre la catedral y las edificaciones del monasterio existe un “espacio libre de edificios”, una “plaza interior”. ¿Se dan cuenta porque pedía yo un helicóptero para que el obispo saltara de la catedral hasta cualquier tejado del monasterio de Antealtares? ¿Se dan cuenta ahora como el autor del artículo no sabe de lo que habla? Esto no es un error tipo obispo-arzobispo. Es desconocimiento. En primer lugar es reproducir la creencia popular de que el monasterio “estaba pegado a la Catedral”, cuando lo que están “pegados” en 1117 son sus límites, que es muy diferente. Y en segundo, en dar crédito a la existencia de un palacio –que en realidad ya en 1077 no se sabe si es un topónimo o un edificio- donde se levantan ya las casas capitulares.

Queda clarificar que edificios existían al sur, en la “Quintana de los Muertos” Ya lo ha dicho monseñor genéricamente: las casas capitulares. Por si acaso todavía hay duda especifico, son tres: la Canónica, el Refectorio- Despensa del Cabildo y Dormitorios de los canónigos de la iglesia de Santiago. Todos son edificios independientes, construidos en perpendicular a los muros de la catedral de este a oeste. Ahora vuelvo a preguntar ¿Qué hay del Palacio? ¿Dónde lo colocamos?
La tesis doctoral de López Alsina ha echado mucha luz sobre esta cuestión. Ya comenté que, salvo algunas excepciones recalcitrantes, la opinión unánime entre los especialistas sigue al profesor de la USC. Así, por ejemplo, Carrero Santamaría, en su tesis doctoral sobre las catedrales gallegas, afirma: “El traslado de la residencia de los prelados de Iria a Compostela tras el hallazgo de los restos del Apóstol determinó que, desde el siglo Xy hasta el siglo XII, existiera un palacio episcopal que se ubicó en el costado sur de la catedral”.
Jota escribió:Resumiendo los errores del autor del artículo en esta sección:

1.- Los burgueses de Santiago no son, en esta ocasión, responsables de los disturbios. Tampoco son los organizadores de la conspiración.
Rebatido en la presente respuesta
Jota escribió:2.- El palacio de Gelmírez está en el lado opuesto y en el otro extremo de la Catedral.
Idem
Jota escribió:3.- No existe prueba documentada de que la fachada de Platerías recibiera daños en esa jornada.
Recalco, en 1117. Sobre otras fechas, no me pronuncio aquí.
La descripción de la HC es más que elocuente. Otra cosa es que usted no quiera creer al cronista...
Jota escribió:Resumen de errores mencionados en mi anterior intervención:

1.- Iconografía “La Mujer Adúltera”. Posiblemente no sea la propia iconografía el origen de su denominación en el mal llamado “Códice Calixtino”
Todo el mundo admite que es una cuestión abierta. Ejemplo: la profesora Claudia Rückert trabaja en una nueva aportación al tema.
Jota escribió:2.- No se hace una descripción física de la pieza que titula el artículo.
Ya se comentó que el espacio concedido a los autores está muy medido, lo que aconseja ir al grano.
Jota escribió:3.-Se acusa al cronista del Códice de omitir, olvidar e inventar sin aportar datos o argumentos que respalden la acusación.
Ese método debe de ser contagioso: usted hace lo mismo con la Historia Compostelana, a la que sigue a pies juntillas cuando le conviene, y rechaza en cuanto no "le da la razón".
Jota escribió:4.-No discrimina entre la fecha de elaboración y la fecha de entrega del documento...
Esa cuestión no era relevante: lo que es incontestable es que la descripción de la catedral es posterior a los hechos de 1117. Con eso basta para lo que se argumenta en el artículo del profesor Ocaña
Jota escribió:5.-El autor menciona piezas ajenas a la fachada de Platerías y olvida citar un solo ejemplo.
. De nuevo razones de espacio. Y repito lo ya dicho en mi primera respuesta. Es cosa archisabida. Le recuerdo, además, que su identifación del centauro y la sirena como signos zodiacales es un error garrafal.
Jota escribió:6.-Alega diferencias de color en la iconografía y su defectuosa colocación en el tímpano para proponer una ubicación diferente. Razones invalidadas por ser características comunes a casi todas las tallas.

7.- Parece que ignora que las diferencias de color son, hasta cierto punto, superfluas, porque las tallas estaban policromadas originalmente.
¿Cómo lo sabe usted?
Jota escribió:8.-Concluye insinuando que la iconografía fue creada para un edificio civil. Pero los motivos que alega, los anteriores, no son válidos.
Castiñeiras González, uno de los grandes expertos en la catedral, llega a afirmar que algunas de las piezas ahora en Platerías pudieron haber formado parte de la decoración del destruido (en 1117, mal que le pese) palacio sur.
Jota escribió:Demasiados errores e imprecisiones.
. En eso coincido plenamente con usted: sus dos mensajes presentan un desconocimiento de la bibliografía actual sobre el tema y demuestran un conocimiento deficiente de las fuentes.
Jota
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Re: Crítica a la Mujer con calavera. II parte.

Mensaje por Jota »

Señor Carlos Sastre: ¿Es usted el Carlos Sastre Vázquez, doctor en Historia del Arte?

Si es usted ¿ha perdido el juicio?

Todavía no puedo creer que cite en contra de mis argumentos a Richard Fletcher (Saint James' Catapult: The Life and Times of Diego Gelmírez of Santiago de Compostela)

Porque ese autor ¡me da la razón en todo lo que afirmo! EN TODO

La cita que usted reproduce, en concreto, proporciona muchas más explicaciones sobre el motivo de la revuelta y sus promotores, que son canónigos. Nada dice de ciudadanos o burgueses. Nada. Absolutamente nada.

¿Por qué no la tradujo usted al castellano? Imagino el motivo.

En esa cita de Richard Fletcher se habla exclusivamente de rivalidades entre camarillas de canónigos. Los de origen francés tenían más privilegios y eso despertaba los celos y envidias de los otros. Dice también que el cabecilla de la revuelta era un canónigo de una familia rival y que aspiraba al puesto de Gelmírez. También dice que fueron peregrinos franceses los que ayudaron a escapar de la ciudad a Gelmírez. Eso es lo que afirma la cita.


Y usted dice: “Uno de los mejores estudios sobre la época de Gelmírez es el redactado por Richard Fletcher (Saint James' Catapult: The Life and Times of Diego Gelmírez of Santiago de Compostela; hay traducción al gallego). En su análisis de la revuelta de 1117, el eminente historiador no tiene las cosas tan claras como Jota”

¿No las tiene tan claras? ¡Las tiene mucho más claras y las ilustra mucho mejor que yo!

Pero es que además, en el mismo documento que usted cita, el señor Richard Fletcher se pronuncia sobre la polémica ubicación del palacio de Gelmírez:

“The conventual buildings of the canons, the cloister and related offices, all lay on the south side of the cathedral. On its north side Diego constructed an episcopal palace for himself. Existing accommodation being less than satisfactory, he built early in his episcopate what the Historia describes as 'a three-chambered complex of rooms at first-floor level, with a tower' (tricameratum solium cum turri) to serve as his own residence. This was seriously damaged in 1117. Although it was repaired soon afterwards, Diego determined in 1120 to extend it into something more fitting to his new dignity as archbishop and papal legate. He threw out a long arm running eastwards, parallel to the nave of the cathedral, as far as the north transept (on to whose doorway one of its entrances gave). It was big enough to house large numbers of important guests, and his biographers could describe it as fit for a king. It had its own water-supply and was thereby well-placed -- and with good reason -- to stand a siege.”


Es decir, asegura que los edificios de los canónigos, el claustro y las oficinas anexas están en el lado sur de la catedral y que en su lado norte Gelmírez construye un palacio episcopal para servir como su propia residencia. Dice que este palacio se vio seriamente dañado en 1117 y que a pesar de que fue reparado poco después, Gelmírez lo amplió en 1120 para adecuarlo a su nueva dignidad de arzobispo.

Pero ¿como se le ocurre a usted citar a un autor que me da la razón en todo?

Su intervención es un escándalo. Todavía no me lo puedo creer.
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Re: Crítica a la Mujer con calavera. II parte.

Mensaje por admin »

Jota, le ruego que baje el tono de sus intervenciones al referirse a los demás intervinientes.

Los juicios de valor sobran.

El Administrador
Jota
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Re: Crítica a la Mujer con calavera. II parte.

Mensaje por Jota »

Sr. Juan Antonio Olañeta.

1.-No ignoro que la “Mujer con calavera” está sentada en una silla de tijera o faldistorium. ¿Qué he olvidado mencionarlo? Lo siento. Ya que es usted tan exigente conmigo –aunque no soy yo el que escribe el artículo de la revista-, le diré más. A día de hoy tengo serias dudas de que la silla sea plegable, de “tijera”. Autores más meticulosos que yo observan que dicha silla posee respaldo (observen la parte superior izquierda de la iconografía, a la altura de la melena) Gracias a observaciones tan penetrantes a día de hoy yo opino como ellos. Para mi es silla con respaldo.

2.-Dije y me reafirmo que los reyes postrados en adoración están amputados desde la cintura. Las piernas flexionadas están cercenadas y no precisamente por causa de la erosión.

3.- ¿Que usted y muchos hombres ilustres y eruditos ven un hombre cabalgando un león al lado de la Mujer con calavera? Perfecto. Es su visión y la respeto.
La mía es una postura diferente, muy atrevida, lo sé. Pero es que la descomunal longitud de la melena del león, su postura “aerodinámica” y su rostro me sugieren un dragón.
Por cierto, detrás del hombre que toca el oligofante asoma medio cuarto trasero de una bestia. ¿Cabalga al hombre? Es simpático porque el hombre en cuestión parece proteger su propio trasero con el brazo.
Usted me recrimina el olvido de la silla. Yo a usted no le reprocho nada en absoluto.

Por último. Soy meticuloso con la denominación del Códice. Es más, soy intransigente. ¿Sabe porqué? Por que la revista, que es excelente, la leen jóvenes como mi hijo y les crea confusión. A mi hijo tengo que informarle que es códice pero no es Calixtino. ¿Lo comprende ahora? Piensen en los lectores noveles del románico. Su revista es una escuela para ellos. Y un ejemplo de trabajo bien hecho que todos los lectores admiramos y reconocemos –salvo contadas excepciones, claro.

Un cordial saludo
CARLOS SASTRE
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Re: Crítica a la Mujer con calavera. II parte.

Mensaje por CARLOS SASTRE »

Aquí la traducción del párrafo que, supuestamente, da la razón a JOTA (a estas alturas ya sé por qué elegió esa letra como nikcname :evil: )

“No sabemos con precisión qué era lo que la oposición consideraba tan odioso en el gobierno de la ciudad. Quizás se trataba simplemente de que estaba gobernada por una elite familiar y clientelar de la que Diego era el jefe. Todos los líderes de la revuelta eran gallegos. Diego amaba las costumbres francesas, dio preferencia a clérigos franceses, confió a un francés la redacción de los hechos de su pontificado (i.e., la HC). ¿PODEMOS TENER AQUÍ UNA PISTA DE LAS CAUSAS SUBYACENTES DEL LEVANTAMIENTO? QUIZÁS, PERO NO PODEMOS ESTAR SEGUROS. El líder, que no era nativo de la ciudad, parece haber sido un hombre con un origen similar al de Diego. Sus AMBICIONES TEMPORALES (i.e., no eclesiásticas) sobre la Sede son sugerentes. ¿Era un TERRATENIENTE que consideraba sus derechos perjudicados por la Iglesia de Santiago? ¿Era el miembro de una familia rival –rivalizando por los mismos puestos- a la de Gelmírez? DE NUEVO, QUIZÁS. Como hemos visto en el capítulo anterior, había mucha gente con este perfil entre los terratenientes gallegos. No podemos trazar ahora el denso tejido de feudos familiares en la Tierra de Santiago".

Si me abstengo de traducir es por que no es tal mi labor.

En cuanto a la parte arqueológica en Fletcher, el autor, como ocurría con Falque Rey, se apoya en la obra de otros. Del mismo modo que en Falque lo que me interesa es su trabajo como filóloga, en Fletcher es su trabajo como historiador lo que destaco.

Todo lo demás ha sido convenientemente contestado, quedando en evidencia el cúmulo de errores e inexactitudes que jalonan sus diferentes mensajes. Ahora bien: ya sabemos que lo suyo es "sostenella et non enmendalla". Allá usted si quiere ver el palacio en el norte o en la Conchinchina, si se obstina en mutilar a los genuflexos magos, en negar la denominación Códice Calixtino, y suma y sigue. Auguro un gran éxito entre la comunidad científica a ese artículo inédito que supongo publicará :mrgreen: .

No sé qué es más penoso, si su ignorancia o su mala baba. Siga así, amigo. En cuanto a las lecturas de su hijo, le recomiendo vivamente que le impida el acceso a revistas tan perniciosas como ROMÁNICO. Una alternativa son los tebeos de Asterix, históricamente tan poco rigurosos como usted, pero infinitamente más entretenidos.

No se moleste en contestar, no pienso perder más el tiempo con usted.
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Re: Crítica a la Mujer con calavera. II parte.

Mensaje por admin »

Dado que los contenidos de la intervenciones se están cargando y cuando esto ocurre, nunca se sabe a dónde se puede llegar, doy este tema por cerrado.

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